Los chilenos no tenemos una raza determinada por el hecho de que somos una mescla entre españoles e indígenas, eso ocurrió durante la llegada de los españoles a chile, ellos vinieron a buscar una ciudad de oro, pero no la encontraron porque no existía entonces fueron en busca de tierras y se encontraron con indígenas que habitaban en ellas, los indígenas no querían que los saquen de sus tierras estaban dispuestos a pelear.
Los españoles les robaban las mujeres a los indígenas y las dejaban embarazadas y los hijos de ellos los mandaban a trabajar en los establos. Y a ellos ósea a los hijos de los españoles con los indígenas ahora somos llamados por muchos, (mestizos).
Mejor explicado…
Naturalmente la noción de raza misma, como categoría humana está en discusión, en especial cuando se la utiliza de modo descriptivo: caucásico por ejemplo, es el término con el cual se refiere a la raza blanca, un concepto en si mismo impreciso, acuñado a comienzos del siglo 19 por el antropólogo alemán Johann Blumenbach, a su vez apoyándose en la cuestionable y hoy desacreditada teoría de la cronometría, cuyos cultores andaban por el mundo midiendo cráneos y calculando proporciones fisionómicas que los llevaron a la conclusión que la raza humana más bella era la georgiana, prototipo de la raza blanca. La ficticia raza aria es por cierto tan difícil de determinar como el término blanco, y Hitler mismo personificaba esa imprecisión: no era exactamente rubio sino más bien de pelo castaño y sus ojos no eran exactamente azules. Sin duda él era – como la mayor parte del mundo – resultado de mezclas genéticas diversas.
Al mismo tiempo es necesario asumir esa identidad racial mixta, admitiendo sin embargo el hecho de que nuestro ancestro etno-racial-cultural es español, el cual como señalaba ya venía mezclado con elementos moros y árabes desde el momento mismo de la conquista. Tampoco se trata de asumir un forzado “snobismo al revés” y empezar a considerarnos indígenas o mapuches cuando en realidad tampoco lo somos. Una tal actitud, aunque inspirada en una buena intención solidaria, al final puede ser considerada como rayana en la “apropiación cultural”. Por cierto la más cruda forma de apropiación cultural se da en la imitación que algunos comerciantes hacen de artesanías mapuches o pascuenses, lo que explota y a la vez distorsiona la herencia cultural indígena.
La conclusión de este trabajo es que somos mestizos porque ningún chileno es de sangre suficientemente pura para ser indígena o español.
